Si bien la rosa pierde al mediodía la hermosura que tenía en el alba, la belleza que irradiaba entonces era algo real. Nada en el mundo es permanente, y somos necios cuando pedimos que algo perdure. Y somos más necios si no lo disfrutamos mientras lo tenemos…

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Esta entrada fue publicada el 25 septiembre 2009 a las 15:36 y archivada bajo Reflexiones . Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0
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