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Manual de conductas telefónicas 2010

Publicado en Addendum Recomienda:, Reflexiones el 19 mayo 2010 por Addendum

El otro día estaba conversando con mi amigo personal W.B. por celular, cuando de golpe la conversación se vio truncada por la falta de señal. En ese momento se corta el contacto, y porque el tema que se conversaba era importante lo volví a llamar. Obviamente, me atendió el contestador ya que el me estaba llamando por su parte. Sobra decir que a el le dio el contestador también. Fue ahi que se me ocurrió que los teléfonos deberían de traer, junto a todos los manuales del aparato, un pequeño manual de conductas telefónicas, en el que se aclare las reglas básicas o los códigos elementales de este tipo de situaciones.

Consternado por esta situación, pensé en comunicarme con las diferentes empresas productoras de este tipo de tecnología, pero me di cuenta que era mucho más sencillo realizarlo por mi cuenta.

Esto es lo que salió:

Manual de Conductas Telefónicas 2010.

 El siguiente es un manual que contiene breves indicaciones para poder llevar adelante una comunicación telefónica de manera correcta, según cada situación en particular que pudiera ocurrir.

Situación 1: Se corta.
Existen diversas razones por las que una llamada se puede cortar. Entre ellas, la más molesta es la falta de señal. Esto puede ocurrir, ya sea por estar uno de los dos en una zona rural con poca frecuencia de antena, o bien por ingresar en un edificio o estructura que no permita que las onda telefónicas de transmitan correctamente. Existe una tercera posibilidad, que ocurre cuando el teléfono de uno de los dos interlocutores es una mierda. Sobre este punto aclararemos más adelante. Entonces:

  1. Cuando la llamada se corta por falta de señal, la persona que comenzó la llamada en un principio debería ser la que tenga la obligación de volver a llamar, comenzando la nueva conversación con la frase: “si, soy yo, disculpame, me quedé sin señal…” y de esa manera retomar la conversación.
  2. Cuando la llamada se corta por falta de crédito, la persona que la recibió debe esperar un tiempo prudencial para devolver la llamada, ya que, salvo aclaración previa (“me estoy quedando sin crédito, si se me corta llamame…”) uno núnca puede suponer esa razón. La persona cuyo crédito se agotó, deberá agradecer el llamado de su interlocutor, y proseguir con la conversación, pero inmediatamente intentar cargar mas crédito, ya que es una falta de respeto y “no da”.

Situación 2: No atienden.
 Suele ocurrir que cuando uno llama a una persona, esta no atiende la llamada. En este caso también existen varias y variadas posibilidades por las cuales no se pudo generar la conversación, que difieren mucho de la circunstancia en la que el que recibe la llamada se encuentra, por lo que sin sacar de contexto, el que llama debe intentar empatizar con la otra persona. Son muchas las variables en este caso, por lo que intentaremos abarcarlas a todas.

  1. Estaba ocupado: En este caso, la persona que recibe la llamada está ocupandose de otro tema que, al momento, resulta más importante que atender a quien lo llama. Este caso se divide en dos partes: La primera, que respecta a quien llama, en donde seguramente éste deje un mensaje de voz notificando sobre su llamado. Atención: Si la persona a la que uno llama es un conocido, NO EXISTE JUSTIFICACIÓN ALGUNA PARA DEJAR MENSAJE SALVO QUE SEA UNA EMERGENCIA O HAYA QUE TRANSMITIR UNA INFORMACIÓN IMPORTANTE. Si soy tu amigo, se que me llamaste y te voy a devolver el llamado. No hace falta que me hagas escuchar el mensaje de voz para que solamente me diga: “Che, soy yo, llamame…”. Por otro lado, si la persona a la que llamamos no es un amigo o conocido, como por ejemplo, un cliente, en este caso SI está permitido dejar un mensaje de voz, el cual deberá contener solamente los siguientes datos: Nombre de quien llama, nombre del que se intenta encontrar, asunto del llamado, y teléfono y horarios de contacto. NO MÁS. (Ej: Hola, este es un mensaje para Juan, soy Manolo, necesito hablar con vos sobre tu auto, por favor llamame a la tarde al…). De esta manera, uno no le quita tiempo a quien debe escuchar el mensaje de voz.
  2. Estaba hablando por la otra línea: Este caso es muy similar al anterior, por lo que se aplican las mismas reglas.
  3. Suena dos veces y entra mensaje de voz: Sobre este caso hay un detalle particular. NO HAY QUE SEGUIR INTENTANDO!!! Si suena dos veces y atiende el contestador, no hay analisis que valga… es porque el que recibe la llamada NO TE QUIERE ATENDER. En este caso se puede dejar un mensaje de voz con las mismas características que los casos anteriores, o bien con una posibilidad nueva en base a la confianza que las dos personas tienen, que es la de dejar la frase: “¿¡Que onda que no me atendes hijo de puta?!” Sabiendo que nuestro amigo/pareja/pariente nos relegó a un llamado no atendido. Depende de quien recibió la llamada clarificar la situación o no, justificando su accionar según el contexto en el que recibió dicha llamada, o bien minimizando el hecho (ej rta: No me rompas las pelotas, queres?).
  4. No atiende. Justificación: Me olvidé el celular en vibrador y no me di cuenta: En este particular caso, se conjugan dos situaciones distintas: La primera es que el que recibe la llamada es un pelotudo. La segunda, que el que llamó no sabe de la condición de pelotudo de la otra persona, por lo que se puede sentir rechazado. Es menester que el que recibió la llamada le aclare al que llamó que es un pelotudo, para de esta manera no generar resentimientos o sensaciones negativas.
  5. Llamo, llamo y llamo porque tengo algo muy importante para decirle y no me atiende, no solo eso, apaga el celular: En este caso solo queda una posibilidad: Putear y joderse. Los dos.

Situación 3: Incomodidades varias.
El hecho de conversar por teléfono es algo tan cotideano que algunas veces se generan ciertas automatizaciones que resultan en incomodidades de todo tipo. Fundamentalmente, porque mientras uno realiza la llamada está, a la vez, realizando también otro tipo de actividad. Esto genera una desconcentración en una de las partes, que termina por llevar a desentendimientos o situaciones exasperantes para el otro interlocutor:

  1. Confuciones: Es muy normal, por ejemplo, decir “otro” sin que a uno le hayan mandado un beso. Esto se genera por las ganas internas de quien lo dice de recibir ese beso telefónico. La solución más sencilla en este caso es escuchar atentamente el saludo final de la otra persona, o simplemente cerrar las conversaciones con un simple “chau”.
  2. Exceso de cariño: También suele ocurrir que uno excede la media normal de cariño con una persona con la que no tiene relación en absoluto. De esta manera, uno le manda un “beso” o “besote” al que atiende el delivery de pizza o al de servicio al cliente de Fibertel. Estos casos son irremediables, y tienen que ver con la esencia de cada uno. La clave para evitarlo es entender que uno no tiene relación alguna con esta gente y que por ello no le debe más que cordialidad y respeto.
  3. Alteración en los tiempos de la conversación: Este es el famoso caso de dos personas que hablan uno encima del otro. Desde que proliferó la ciencia telefónica y de las comunicaciones, el gran enemigo de la conversación conocido como “delay” se extinguió, y ahora se puede conversar desde la puerta del mercado chino del barrio hasta un celular en, justamente, China, sin tener ningún tipo de inconveniente en cuanto a los tiempos de la conversación. Puede ocurrir, también, que la efusividad o la ganas de las personas por conversar generen que el ida y vuelta se transforme en una ensalada de palabras, en donde los dos dicen las cosas a la vez. Esto no es del agrado de nadie, por lo que la solución es simple: Uno de los dos debe tomar la iniciativa y decir: “Pará…, decime vos… dale…” o bien: “Pará… dejame hablar un segundito… denso…”. De esta manera se soluciona, aunque sea temporalmente, este inconveniente y la conversación puede ser reanudada con los tiempos convencionales.
  4. Fantasmas en la línea: Este término engloba a todas aquellas circunstancias en donde uno escucha su propia voz mientras habla, o bien escucha una voz que no pertenece a ninguna de las dos personas que entablan la conversación. Este caso es sumamente molesto y la única solución posible es volver a establecer la conversación para ver si el problema se resuelve. Si esto no ocurre, puede ser que el teléfono de alguno de los dos ya esté pidiendo un cambio. Cámbielo.
  5. Mucho ruido: Esto ocurre cuando el teléfono de uno de los dos absorve más el ruido general del contexto que la voz de quien quiere conversar. Puede pasar porque el contexto este en un volumen muy alto -o que el interlocutor esté hablando muy bajo-, como puede ocurrir por ejemplo en un recital o en la cancha, o situaciones similares en donde una multitud hace las veces de fondo. En este caso, lo mejor es pedirle amablemente a quien se encuentra en esa situación que, en vez de tratar de tapar el micrófono del teléfono con la mano, que lo único que genera es que se entienda menos, se aleje del ruido ambiental para poder conversar. Otra posibilidad puede ser que el teléfono sea el que absorva el ruido, y que en realidad no sea tan excesivo este. En este caso se debe empezar a pensar en cambiar el aparato (el teléfono, no la persona). Finalmente, esta el caso de quienes hablan manejando a altas velocidades con la ventanilla baja. Aca ocurre que el ruido del viento ingresando en el auto no deja que se escuche nada. Por favor, deje de hablar mientras maneja. Gracias.
  6. Excesos de “eeh” y falta de concentración: De las peores posibilidades, este caso ocurre cuando uno de los dos se encuentra enfocado o avocado a otra cuestión, por lo que automatiza absolutamente la conversación, completando los vacíos generados por la espera de una respuesta de la otra parte con “eeh…” o “¿Que?”, cosa que genera en la otra persona una irritación espiritual completa. El caso mas común es el de la persona que mira TV mientras conversa por teléfono. En estos casos la responsabilidad entera radica en quien está esperando las respuestas y en quien se puede generar la irritación. Este, debe decir “hijo de puta, llamame cuando tengas ganas de hablar conmigo… chau…” y con eso generar un sentimiento de culpa, si es posible, en la otra persona para que esta le presete la atención necesaria para conversar.

(Fin Sección primera)

Reflexion 124

Publicado en Reflexiones el 17 mayo 2010 por Addendum

Estaba parado en una esquina, tranquilo, fumando un cigarrillo… Supe en ese momento que seguía, y sigo, con ganas de dejar de fumar, pero que todavía no encuentro la fuerza de voluntad para hacerlo… En eso, pasó una mamá con su bebé en el cochecito… El pobre, estaba todo picado por mosquitos… y ahi fue cuando me vino una duda muy muy grande…

Si yo estoy borracho, pero muy borracho, y me pica un mosquito… ¿Se emborracha también? O sea, si el mosquito absorve mi sangre, pero ésta está viciada, sucia, con porro, alcohol, o inclusive veneno… ¿Ésto se traslada al mosquito chupasangre?

Yo sabía…

Publicado en Actualidad, Reflexiones el 12 mayo 2010 por Addendum

Yo lo sabía… te juro que lo sabía… obviamente, no tenía el conocimiento necesario para desarrollarlo de manera correcta, pero juro por mi vida que lo sabía…

Nota en un diario local, 12.05.2010:

Según los resultados de una investigación que combina la 2º Ley de Termodinámica y ecuaciones de ingeniería, mantener el amor a largo plazo “es algo muy costoso y, con excepciones, imposible”

José Manuel Rey, profesor del Departamento de Análisis Económico de la Universidad de Madrid, elaboró un curioso modelo matemático en el que emplea la Segunda Ley de la Termodinámica y ecuaciones de control del ámbito de la ingeniería para explicar qué pasa con las parejas. Las conclusiones no son muy esperanzadoras.

Rey, cuyo trabajo fue publicado en la revista científica PLoS ONE, aplica lo que los psicólogos llaman la segunda ley de la termodinámica de las relaciones sentimentales.

“En el mundo de la física, un recipiente que está caliente tiende a enfriarse de manera espontánea si nadie lo mantiene con calor; con las relaciones pasa lo mismo, hay que cuidarlas”, explica el investigador.

Aquí no cabe el romanticismo ni la química. Superadas las mariposas en el estómago, “hablamos de parejas que tomaron la decisión racional de estar juntas para toda la vida, lo que se promete en un matrimonio por la Iglesia”.

Partiendo de ese punto, el investigador aplica la teoría del control óptimo -la misma que utilizan los ingenieros para mantener un satélite en órbita o tripular una nave espacial-, para conocer cómo debe ser ese esfuerzo.

Como es fácil sospechar, la conclusión es que mantener una relación a largo plazo “es muy difícil”. Eso ya los sabíamos, pero además esta fórmula matemática nos dice por qué. Para empezar, “la manera de regar el jardín, de mantener nuestra relación, es muy particular. Cada pareja debe descubrir su patrón específico, que no es evidente”, apunta Rey.

Este patrón puede traducirse en acciones cotidianas como hacer planes juntos, dedicarse tiempo, escuchar los problemas del otro, ser más cariñosos o tolerantes, hacerse regalos.

En segundo lugar, “uno debe conocer cuánto está dispuesto a esforzarse por mantener la relación… Esto es perverso, porque sea lo que sea, siempre será insuficiente”. Por último, la propia dinámica de las cosas dice que “cuando uno se esfuerza algo menos, hay una inercia a la dejadez”.

El modelo es bastante desalentador, “especialmente si lo aplicamos a la sociedad en la que vivimos, en la que prevalecen las políticas de poco esfuerzo y mucha recompensa”, medita José Manuel Rey.

A pesar de todo, siempre queda una ventana abierta a la esperanza. “Hay personas que lo consiguen, pero si preguntas a las parejas que llevan 40 años juntas y felices, seguro que no te van a decir que fue gratis”.

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