En el último año desarrollé una actitud rara… A veces, cuando me llaman, no atiendo… Por ahi estoy tirado en el sillón de mi casa, solo o acompañado, y me empieza a sonar el teléfono… No importa quien sea particularmente, simplemente dejo que suene y no atiendo…
Esta “actitud rara” nueva en mi vida se presentó repentinamente… No fue una decisión tomada sino un simple reflejo de mis ganas aplicado a la situación concreta… Fiel a mi estilo analítico de mi propia personalidad, que la mayoría de las veces malinterpreta todo, me puse a pensar y tratar de encontrar la razón por la que hago esto…
Me di cuenta de que no es algo contra el interlocutor que intenta conversar conmigo, sino más bien algo un poco más profundo… Descubrí, o creí descubrir, que lo hago porque no quiero aceptar una alteración cualquiera en la situación que vivo… atender el teléfono implica que alguien me cuente algo que genera una mutación de la coyuntura que me envuelve… atender el teléfono, entonces, implica aceptar la posibilidad que alguien me diga “hay que ir a tal lado” o “voy para tu casa” o ponerme en un lugar de tener que prohibir o negar algo… o hacerme cargo… y eso es lo que no me gusta…
No soy cagón, no soy una de esas personas a las que le da miedo vivir o jugarsela por algo… pero no se, a veces, sólo a veces, me gusta estar tranquilo, y si estoy comodo con una situación, NO quiero modificarla…
Creo que por eso a veces no te atiendo cuando me llamás, querido amigo del alma…





