Lo bueno, lo malo y lo que se puede con lo que se tiene…


Habré escuchado en muchas oportunidades historias como esta, pero núnca hasta ahora la había vivido… Lo había leído en el diario y visto en el noticiero… Pero puedo asegurar con firmeza que la experiencia, cuando es personal, es distinta…

Eran las 11 de la mañana y yo estaba pasando a buscar a mi madre por su casa, porque teníamos que ir al veterinario a llevar a mi pobre hermoso perro Romeo a que le saquen unos puntos que le habían hecho por una operación…

Yo tengo un Honda Fit, y la gran cualidad de este auto es la facilidad con la que se pueden levantar los asientos para que la parte de atrás tome distintas formas… Me dispuse a levantarlos, como para que el perro quede parado sobre el piso del auto y no me llene de baba y de pelos el tapizado… Para ello, simplemente tengo que trabarlos con una especie de pata-palanca que tienen… algo muy simple…

Llegué a lo de mi mamá y puse el auto en el garage… me bajé y abrí la puerta del asiento derecho de atrás para acomodar todo, ahi fue cuando la vi… una bolsa negra con una inscripción en dorado que decía “Wrangler”, hecha como un bulto tirada en el piso… me pareció raro porque no la había visto núnca antes en mi vida… No lo tuve que pensar mucho… cuando terminé de acomodar el auto para mi hermoso perro que amo, levanté la bolsa y la abrí… Estaba a punto de mirar cuando bajó mi mamá, me saludó, el perro entre saludos y saltos se metió al auto, y mi mamá también… de nuevo me quedé solo con la bolsa, y mientras daba la vuelta para sentarme en el lugar del conductor heché un vistazo al interior de esta incógnita bolsa negra… Jamás me imaginé que adentro podía haber lo que finalmente había…

La bolsa negra con la inscripción dorada que decía “Wrangler” tenía en su interior varios fajos de dolares… muchos…

Me puse nervioso, inquieto… Obviamente mi primer reacción fue tirarla a un costado en el baul… no se porque… Me metí entonces en el auto y manejé, casi en automático, camino al veterinario… mi madre me hablaba sobre temas que para ella eran sumamente importantes pero en mi cabeza solo rebotaba la imagen de los billetes adentro de la bolsa, adentro del baul…

Cuando llegamos al médico de animales, bajé a Romeo del auto, le di una vuelta manzana para que se saque las ganas de hacer pis y caca, y lo llevé a la veterinaria de nuevo, donde mi mamá me esperaba charlando con el doctor -que era su amigo desde hace muchos años- para atenderlo al pobre bicho que, en cuanto se avivó donde estaba, no paró de temblar… Ese tembleque de miedo que le agarró hizo que me olvide de la bolsa por un rato… pero un rato corto… unos 40 o 50 segundos… Ayudé a subirlo sobre la camilla de acero inoxidable desinfectada y mientras lo tenía el veterinario lo revisaba… En ese momento empecé a pensar de donde podría haber salido esa bolsa, y obviamente su contenído… ¿De quién era? ¿Por qué estaba en mi auto?

Me acordé que dos días antes había tenido una reunión con una colega y su cliente… me acordé también que los había alcanzado en mi auto desde el lugar de la reunión en Gascon y Honduras, en el barrio de Palermo, hasta Mendoza y Libertador, en Belgrano donde el cliente de mi colega tenía la oficina… no se si exactamente ahi, pero por ahi cerca… ¿Será de el?

En cuanto supe resuelto el dilema del “¿De quién?” empecé a pensar en lo que iba a hacer… Y aca hago un parate… Está más que claro que el camino correcto es devolver la bolsa y su contenido… Llamar a mi colega, y preguntarle si su cliente no estaba en la busqueda de algo que había perdido… en el caso de que me conteste que no, tendría via libre para disponer del dinero como quisiera…

Cuando me di cuenta, estaba dejando de nuevo a mi mamá en su casa con Romeo, acomodando los asientos a su posición normal… Otra vez había manejado todo el trayecto en automático casi… Volví a la oficina, llamé a mi secretaria y le dije que me iba a ir a mi casa porque me sentía mal… Efectivamente, agarré todas mis cosas, terminé lo que tenía a medio hacer y me fui… Creo que núnca tardé tan poco tiempo para llegar a mi departamento, estacionar, abrir las dos puertas, subir el ascensor y entrar a mi casa…

Me quedé parado… quieto… mirando la bolsa que me miraba desde la mesita ratona… “Wrangler”… Me miraba burlona, como haciendome un chiste… un chiste de la vida, de la ironía de la vida… Prendí un cigarrillo y seguí mirandola… y ella me miraba…

Miles y miles de ideas me cruzaron por la mente…

– Voy a contar cuanta plata es… – me dije e inmediatamente me respondí – no… si la cuento no hay vuelta atrás… si la cuento ya voy a darle un tono real al asunto…

Pero no me pude contener… tiré todo lo que había en la mesa ratona al piso y vacié la bolsa ahi arriba… los billetes se desparramaban por la mesa como lava recien expulsada de un volcán… estaba perfectamente ordenada en fajos, que presumo son de 10 mil dolares… Sigo sin contenerme… la empiezo a contar…

Uno…, dos…, tres…, cinco…, ocho…, diez…, once…, doce…, quince… diez y siete… DIEZ Y SIETE fajos de diez mil dolares en mi mesa ratona… Ciento setenta mil dolares que encontré en la parte de atrás de mi auto…

Los tengo que devolver, pensaba… ya mismo llamo a esta mina… pero… yo también tengo mis quilombos… resolvería muchas cuestiones con este dinero… la mando de viaje a mi vieja… le abro una cuenta a mi sobrino para que se vayan acumulando los intereses y cuando sea grande pueda tener dinero disponible para empezar lo que quiera empezar… o para su educación universitaria… me hago un viaje yo… le regalo algo a mi hermana, a mi hermano… hago una buena fiesta para mis amigos… empecé a imaginarme realizando todo tipo de actos altruístas para las personas que quiero… No… no… los tengo que devolver… andá a saber para qué necesitará esta plata el tipo… aunque, si mal no recuerdo, habló sobre si mismo como si fuera millonario… me dijo que tenía propiedades por todo el mundo… que era el dueño de una marca de adherezos y que era el proveedor de McDonald’s y no se cuantas emprezas mas de nivel mundial… Y la verdad es que también había escuchado mientras manejaba llevandoló a el y a mi colega, algunos comentarios que había hecho de tono racista, clasista, xenófobo y antisemita… 

Antes de aquella reunión, mi colega me llamó para explicarme que era un cliente muy especial, de mucha plata, pero de convicciones fuertes y una mirada muy estrícta sobre la vida y el mundo social… Poco sabía yo que eso significaba que el hombre era de extrema derecha… Creo que si el hubiera sabido que yo era judío no se subía a mi auto y nada de esto habría pasado… Pero no es justificación… una persona de bien como yo devuelve la plata… ¿O no? No se… no se… ¿Qué hago?

Volví a mirar los billetes, ahora acomodaditos perfectamente en la mesa… Ciento setenta mil dolares… He visto sumas mucho mayores desplegadas en una mesa dado mi trabajo, pero esto es distinto… y como toda la plata agena, nos es mucho mas fácil gastarla…

Pensé mil cosas… mil planes… Me voy al casino y me la juego… si gano me quedo con las ganancias, si pierdo devuelvo lo que sobre… Compro cosas para aplacar mi sentido de conciencia, para mi y para mi gente… y si alguien me pregunta, mentiré… pero las mentiras tienen patas cortas y no me gusta mentir… entonces… ¿Qué hacer? ¿Qué hago?

Coincidentemente, demasiado para mi gusto, me sonó el celular… era esta colega…
– Leandro, mirá, me llamó mi cliente y está interesado en la propiedad que le mostramos… asi que seguramente nos juntemos esta semana a charlar las condiciones de la oferta…
– Bueno Alicia, ningún problema… cuando vos quieras…
– Ah… te hago una pregunta… Mi cliente me dijo que perdió algo, una bolsa… le pregunté que había adentro y me dijo que algunos papeles y unas boludeces, nada importante… pero no lo habrás encontrado en tu auto, ¿No?
– Eeeeh… ¿Una bolsa? ¿De qué color?
– No se… no me dijo… dejá… no debe ser muy importante…
– Bueno… eeeh… después me fijo y te aviso cualquier cosa…
– Dale, dale… no te hagas drama tampoco…
– Bueno, llamame y decime cuando te querés juntar asi armamos todo…
– Dale, te llamo, gracias… chau chau…
– Chau… chau… chau…
Y corté…

¿Será una señal? Y si lo era… ¿Qué tipo de señal? ¿Era de las que dicen “dale para adelante que total no le importa”? ¿O eran de las que dicen “acá tenés al dueño, devolvela”? No se… no se… y no se que hacer tampoco…

Mientras tanto, en la mesa, los billetes me miraban burlones… Mil setecientos Benjamin Franklin me miraban cagados de risa…

Desesperación… bronca… alegría… ideas… malas ideas… proyectos… todo me pasaba por la cabeza a una velocidad que asustaba… Llamé a un amigo y le pregunté cuanto interés estaba dejando un prestamo en dolares… me dijo que minimo el 1,2% mensual… o sea que por guardar la plata con un riesgo mínimo recibiría dos mil dolares mensuales… MÍNIMO… No se, no se…

Llamé a un amigo y le pregunté que haría en una situación hipotética similar… y me dijo que se la queda… y llamé a otro y me dijo que la devuelve… y llamé a un tercero y me dijo que no sabía decirme…

Me quedé mirando la plata sobre la mesa y pensando en que el dueño es un hijo de puta que no la merece… pero que la hizo… vaya a saber uno como… pero es de el… Recordé mis enseñanzas del colegio… de moral, ética y religión… todos me dirían que la devuelva… pero el colegio núnca me interesó demasiado…

Me decidí…
Una vez en la vida, la mala persona voy a ser yo…

Una respuesta to “Lo bueno, lo malo y lo que se puede con lo que se tiene…”

  1. Lele, bien hecho! Quiero mi regaloooooo

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