Reflexion 163 (o “Cinco guitas para el peso…”)


Hay una frase que núnca me gustó, pero que desde hace unos años empiezo a entender en su significado más puro… La frase es “Siempre faltan cinco guitas para el peso…” y básicamente lo que plantea es la condición por la cual siempre falta alguna cosa para que esté todo bien… Ejemplos hay miles… cada uno puede buscarse el suyo propio…

Este tema me interesa en particular porque vengo escuchando hace rato como es algo que le pasa a todos… pero a todos en serio… Todos tenemos ese alguien que nos va a criticar lo que hacemos y para el cual nada de lo que hagamos va a estar completamente bien… Puede ser una pareja, un jefe, un familiar, o un amigo… pero es una sensación enfermiza que atenta directamente contra el autoestima y la valoración propia de nuestra manera de ser…

El tema con esto es que no existe una razón específica por la cual tenemos que agradar a esta persona, y sin embargo nos volvemos locos intentandolo… Sabemos que efectivamente hicimos las cosas bien, o por lo menos bien en su gran mayoría, pero asi y todo sentimos que núnca va a alzanar para que quien nos desmerece quede contento…

Lo peor de esto es cuando esta circunstancia viene de la mano con otras dos, que generan un agravante casi insostenible que tiene como final predecible una gran pelea gran…

La primera situación que agrava el hecho de los 5 para el peso es cuando además de la presión de sentir que no hicimos las cosas bien, no se nos reconoce todo aquello que efectivamente si hicimos correctamente y que generó consecuencias positivas… Es decir, que encima que lo que nos critican son cosas mínimas, todo lo demás que si salió perfecto no se valora… El ejemplo más claro es el jefe que nos putea por una cosita pero que por el contrario no nos felicita cuando hacemos todo bien… Entonces uno siente que lo que se hace bien no es valorado, no es tomado en cuenta, y solo queda el gusto amargo de remedio sobre esa cosa que no logramos completar de la manera en que nuestro jefe quería…

Por otro lado, la segunda situación es, sin lugar a dudas, la peor de todas… Es esa maldita gota que sabe que va a revalzar el vaso… Y es la peor por su condición subjetiva por sobre todo… es algo nuestro, algo que el otro generó pero que la falla esta en nosotros… Es la sensación inconfundible de SABER/SENTIR que no vamos a lograr la inalcanzable satisfacción en la persona que nos critica… Casi como una especie de predisposición absoluta al fracaso, no por nuestra incapacidad de realizar tareas, sino por el contrario por anticiparse al comportamiento del otro, conociendo por antecedentes que seguramente el desenlace sea ese…

Entonces se configura una ecuación altamente inflamable entre No satisfacer, no sentirse valorado y presuponer que se haga lo que se haga núnca va a alcanzar… Imposible de soportar para cualquier conciencia humana desarrollada, esto empieza a generar un desgaste que se evidencia con la frustración, la resignación y el desgano…, que consecuentemente resulta en un empobrecimiento de nuestra autoestima y perspectiva propia como personas, que a su vez termina afectando nuestra forma de ser… En pocas palabras, un circulo vicioso que hace que nos deje de importar o hagamos las cosas mal, “total igual me van a decir que hice todo mal”…

No tengo una solución para esto… Cada tanto, estas personas nos hacen saber que valoran nuestro trabajo bien hecho, pero eso suele pasar muy cada tanto… Y si bien es un parche que ayuda a mejorar todo el choclo mental, no resulta eficiente a la hora del día a día, que es lo que vale más que nada…

Lo importante de todo es la confianza en uno mismo… la seguridad que tenemos en que, dentro de todo, hacemos las cosas como hay que hacerlas… y entender como funciona la dinámica de este tipo de relaciones sirve mucho para no morirnos aplastados por una avalancha de mala onda, disconformidad crónica y pensamientos de suicido recurrentes…

No hay solución a esto, es algo que pasa… y como una vez dijo un amigo mio que ahora no veo tanto pero que respeto mucho por su inteligencia y capacidad de razonamiento: “Si no hay solución, entonces tampoco hay problema…”

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